BALBUCEO POR LA JUVENTUD OLVIDADA


No cree que el torrente secular de la noche
frecuencie indumentariamente su vida,
sufre un cajón de sueño y electricidad que pelea
contra percheros y muebles con animales,
contra famas y cronopios amantes del fútbol
y a ver quién gana la pelea cuesta dinero,
no cree que el onceavo mandamiento
siembre dudas con respecto al matrimonio,
viene con deshielo su menor parte cuando ama,
olvida controlar el columpio de los vegetales
y nunca conserva los fragmentos obligatorios,
tiempo al tiempo con ceniza de lluvia más lluvia,
manos a la obra y consigue reírse de la carne asada,
y entonces por qué desestima los efectos neuronales
si entre dos palabras cuenta diez silencios,
una raíz absorbe, quizás, una raíz de columna vertebral,
absorbe minutos con sangre y almíbar,
se defiende de los protocolos cicatrizantes,
cuida a cuchillo la pleamar de los computadores
como levantando el cuerpo con estigmas psicológicos,
no cree que el torrente secular de la noche
sea un ancla de sublimado reflejo que golpea,
tendría que estar en gasolina contra papel,
tendría que funcionar el comercio entre pieles humanas,
o hallar en remolinos lo que supuso perdido
al interior de los cadáveres primaverales,
hojas en blanco y serpientes de sombra perfecta,
conversaciones a candado abierto y ataúdes robados
a puro olor,
el sello eterno de cualquier oposición al orden,
un día equis mirando la propia mala suerte
o un arma blanca que tiembla en su conciencia petrificada.

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