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Mostrando entradas de abril, 2007

ALGUNA CLASE DE EUFORIA

¿Qué quiero? ¿Burlarme del presente, pasado y futuro como un gato furioso en la cornisa? ¿Latir a contraluz, callado, y encender el vuelo de los ángeles? ¿Acaso convertir la pesadumbre en piedra de rubí, y sin rezar? Lo que quiero hoy, ahora mismo, no mancha el sufrimiento riguroso en la costumbre anfibia de llorar amando. Adentro nace el fruto del insomnio, adentro se trasluce la imagen opaca y enloquece por vivir en lo impalpable. Adentro, a través de la bruma, como ciegos fantasmas sin retorno esa noche endurecida por las eternas horas, con esa luna que es abril en cada árbol un día funeral, muy cerca tuyo. Qué quiero, qué clase de euforia es la que busco: la sal del sacrificio que está rota y que no encuentro en palabras ni en silencio, dudando incluso entre apagar la fiebre o encender un fuego en las entrañas… Cómo puedo decirte lo que quiero; y cómo puedes preguntarme cuántas veces pagaré a Dios el precio de las manos vacías que se tocan, de los dedos afilados por la rabia, de la...

ACERCA DEL SUEÑO

Suspende el sueño antes de cerrar los ojos y te verás saliendo de la tumba corporal. Atrapa el hilo de tus pobres ideas, concentra tu mirada en solamente ver; en pocas horas verás al cuerpo diluirse en llantos amargos y en angustiosa pena. Por intuir el alma y buscar su semejante verás sangrar tu piel en noches sin luna y amarás a fuego entre dolores. En un preciso instante se oye el golpe de la muerte, una fractura en el hueso astral, en el oído, la sucia imagen proyectada de un túnel por donde fluye libido secreta, el vacío que cae al interior del mundo y el mundo que termina en la espalda de la primera mujer (ahora vieja) cuya imagen es plena luz. A punto de dormir ya no se es hombre ni objeto predispuesto al misticismo, más bien es otro el curso: un triste corazón anestesiado, la gracia del verbo perdida en el lodo, la íntima voz a media tráquea, y uno que se ahoga en tórridas flemas pero libre de la vergüenza que en vigilia embriaga los impulsos del desatino. Entonces sí, duerme p...

PAN DE CADA DÍA

Quién se alimenta de los hombres con sus lágrimas y el ímpetu secreto, quién succiona de los ojos fijos en la bruma, de los brazos caídos en gesto de impotencia por la inutilidad del músculo. Quien más explota los canales del tiempo buscando libertad, fe y esperanza, buscando en libros llenos de agujeros la salvación de su alma pecadora, un retorno a los confines del ser y del amor que se expande como un incendio en la noche. Él se ceba en él. Con cuánta energía absorbe su existencia, cómo sudan los sentimientos fallidos esta agua de consolación que nadie ve, salvo unos pocos. Alguien se alimenta de los hombres afanados en el coito y sometidos al crimen, primates forzados a vivir en contra de su propia voluntad. Aquí hay carne fresca para los hambrientos, hominal trigo del Pan y de la Hostia; pero que no les arrebaten otra vez el fruto del último trabajo, la cima del amor bendito, la fuerza de sus tibias oraciones. El dolor es soportable cuando les mienten acerca del futuro, cuando e...