ALGUNA CLASE DE EUFORIA


¿Qué quiero?
¿Burlarme del presente, pasado y futuro
como un gato furioso en la cornisa?
¿Latir a contraluz, callado,
y encender el vuelo de los ángeles?
¿Acaso convertir la pesadumbre
en piedra de rubí, y sin rezar?

Lo que quiero hoy, ahora mismo,
no mancha el sufrimiento riguroso
en la costumbre anfibia de llorar amando.
Adentro nace el fruto del insomnio,
adentro se trasluce
la imagen opaca
y enloquece por vivir en lo impalpable.

Adentro, a través de la bruma,
como ciegos fantasmas sin retorno
esa noche endurecida por las eternas horas,
con esa luna que es abril en cada árbol
un día funeral, muy cerca tuyo.

Qué quiero,
qué clase de euforia es la que busco:
la sal del sacrificio que está rota
y que no encuentro en palabras ni en silencio,
dudando incluso entre apagar la fiebre
o encender un fuego en las entrañas…

Cómo puedo decirte lo que quiero;
y cómo puedes preguntarme cuántas veces
pagaré a Dios el precio
de las manos vacías que se tocan,
de los dedos afilados por la rabia,
de las uñas en el temblor de la muerte.
Cómo puedo hablar,
cómo,
si en la boca llevo
ese sabor a mentira
que endulza las agujas del veneno

y alimenta la avidez en las serpientes.

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