PAN DE CADA DÍA


Quién se alimenta de los hombres
con sus lágrimas y el ímpetu secreto,
quién succiona de los ojos fijos en la bruma,
de los brazos caídos
en gesto de impotencia
por la inutilidad del músculo.

Quien más explota los canales del tiempo
buscando libertad, fe y esperanza,
buscando en libros llenos de agujeros
la salvación de su alma pecadora,
un retorno a los confines del ser
y del amor que se expande
como un incendio en la noche.

Él se ceba en él.
Con cuánta energía absorbe su existencia,
cómo sudan los sentimientos fallidos
esta agua de consolación
que nadie ve, salvo unos pocos.

Alguien se alimenta de los hombres
afanados en el coito y sometidos
al crimen,
primates forzados a vivir
en contra de su propia voluntad.

Aquí hay carne fresca para los hambrientos,
hominal trigo del Pan y de la Hostia;
pero que no les arrebaten otra vez
el fruto del último trabajo,
la cima del amor bendito,
la fuerza de sus tibias oraciones.

El dolor es soportable
cuando les mienten acerca del futuro,
cuando el sol brilla tierra adentro
y los toca humildemente
de soslayo.

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