Veo la música silente, Adonai, escucho el liviano perfume de los ángeles, el misterio del plomo sobre la seda blanca, la musa frágil llevada sobre un viento invisible. Estoy caído, estoy muerto, la hermosura es mi condena. Adonai… Adonai… mis venas se hinchan de sangre voluptuosa y mis ojos se encienden con el reflejo de lo que he profanado. El amor no sentido hasta hoy ¿Pero es que nunca tuve amor? ¿De qué está hecha la vida entonces? ¿Y esta ciencia oscura, mi personalidad friable, no lo hace florecer? Siento el impulso de mi corazón por rebelarse contra todo, mi oscuro pensamiento lleva su Nigredo, el Palacio del Rey ahora se encuetra vacío… sólo quiero estar aquí creyendo amar, sólo quiero besarla una vez en los labios a pesar del castigo, qué importa la muerte de los novios transformados en licor, qué importa una libertad que al tocarla me costaría sangre… aprendí que la tristeza pesa menos que una lágrima, el cuerpo pesa menos que una tumba, qué importa si Cupido me sorprende e...