MIEDO A VOLAR


El autor deberá tomar el vuelo Santiago – Caracas
a las 14:25 hrs. y si todo sale bien,
volver a Santiago dentro de las próximas 74 horas.
El autor chequea sus pasajes y piensa,
o mejor dicho se descubre pensando (se rasca la cabeza nervioso)
en accidentes aéreos
y en películas sobre accidentes aéreos.
No es casual. Es para él más bien un tema recurrente.

(Cuando era niño, el autor ha escrito un cuento
sobre dos aviones que chocan en el aire)

Nunca antes tuvo miedo de volar, apenas una
leve tensión física a la hora del despegue
y del aterrizaje, la necesidad de beber un whisky doble
o tomar pastillas que lo tranquilicen.
Nada grave.
Tal vez ha cometido el error de leer
la noche anterior en una página de Internet (a las tres de la mañana)
el trabajo de tres doctores españoles
sobre la Investigación de Accidentes Aéreos.

Por lo demás, durmió muy bien,
disfrutó de un sueño reparador
y ni siquiera tuvo pesadillas.

“Conviene fotografiar, tan pronto como sea
posible, la posición en que han quedado
los restos de la aeronave,
así como los restos cadavéricos
en los lugares en que fueron encontrados
y los lugares en que se encontraban
los supervivientes.”


En realidad, este breve pasaje sólo le produjo
una pequeña zozobra.
Un hielo recorrió su espalda, pero fue leve.
Se le puso la piel de gallina, pero no se notó.
Reacciones normales, en el fondo.
Llaman a los pasajeros del vuelo
Santiago – Caracas a la sala de embarque.
Afuera el cielo permanece nublado.
El autor, para distraerse, piensa que
aún no ha escrito nada de lo que tenía planeado,
que sería bueno empezar de una vez,
y hasta se le ocurren un par de ideas muy buenas.
(Lástima que ahora no tenga donde escribirlas)
Enciende un cigarrillo.

“Es necesario anotar y fotografiar
los restos de los instrumentos
de navegación,
la posición de los mandos del avión,
las estaciones de radio sintonizadas,
la posición de los interruptores, flaps,
tren de aterrizaje, etc. Con todo ello
se realizarán croquis con la distribución
de los restos en el terreno.”


Hay bastante gente en el aeropuerto
a esta hora.
Algunos vuelos se atrasan,
el del autor no pudo haber sido
más puntual.

En este momento un radiocontrolador
responde las preguntas de una periodista en el canal 13.
(Sin embargo en el aeropuerto no hay periodistas)

“Si hablamos de estadísticas,
entre 1990 y 1999 hubo un promedio de 20
accidentes aéreos al año – dice la periodista -en algún
lugar del mundo,
lo que da una probabilidad entre 18 (1/18 aprox.)
de un total de 22.000 vuelos diarios (aprox.)
¿Es correcta esta cifra?”

“¿Cada pasajero debería, entonces, tener conciencia
de la 1/18 probabilidad de que su vuelo sufra un accidente?”

El autor, mientras tanto, se aferra a su cábala.
(Desde los ventanales se ve la aeronave)
Si hay al menos una mujer hermosa a bordo
el avión no se caerá, porque las mujeres hermosas
(todo el mundo lo sabe) no sufren accidentes aéreos.
Automovilísticos sí, por miles, pero no aéreos.
Eso no entra en el orden natural de las cosas.
Tal vez no sea oportuno, pero conviene mencionar
que el autor a veces se cree poeta.

Hay un cuento de Cortázar en donde
un auxiliar de vuelo se enamora de una isla
griega
y la mira por una ventanilla del avión
cada vez que puede (al mediodía.)
El protagonista cae sobre la isla
(con avión y todo) en un final bastante ***.

Ahora el autor camina por el angosto pasillo
buscando su asiento. Lo del cuento de Cortazar
no le ha caído nada bien.
El 1/8 le revuelve (sin saber) el estómago.
Acomoda su bolso de mano examinando a las aeromozas:
son hermosas, aunque sin exagerar.
En todo caso está muy bien; se siente a salvo
por el momento…

“El que tiene miedo de volar no sabe para qué está viviendo.”
¿Dónde leyó esa frase?
Se le viene a la memoria un cuento de Richard Bach,
pero es improcedente.

Sobre la película “Aeropuerto” (1970)

(Actores: Burt Lancaster, Janis Hansen, Dean Martin, Jean Seberg, Jacqueline Bisset, 
George Kennedy, Helen Hayes, Van Heflin, Maureen Stapleton, Barry Nelson, 
Dana Wynter, Lloyd Nolan,
Barbara Hale (de un total de 42 actores)
Director: George Seaton):

es preciso mencionar que el autor no la ha visto
pero cree que sería interesante si la pasaran en el avión.
(Una vez viajó en bus de Santiago a Puerto Montt
y en el video pusieron Máxima Velocidad,
una película de acción sobre un bus secuestrad
lleno de pasajeros.
Al principio le causó risa lo de la película
pero al final terminó siendo de mal gusto.
El autor constató cinco frenadas violentas
del bus esa noche)

Sobre la novela “Aeropuerto”, de Arthur Hailey,
la leyó sólo hasta la mitad,
vaya a saber por qué.
No le gustaba leer en esa época,
le gustaba escribir,
pero la verdad es que tampoco escribía nada.

Ahora el autor escribe a veces
y lee harto. Lee y lee
pero ni muerto leería a Arthur Hailey.

El avión comienza a correr sobre la pista.
Mejor sería escribir al respecto. ¿O no?
“¿Respecto de qué?”
El autor hace esta pregunta estúpida
sólo por incapacidad de controlar sus nervios.
En realidad no está pensando bien.
¿Miedo a volar? No: miedo a morir.
El avión corre más y más rápido por la pista,
corre pesado y enorme,
anclado a la tierra como una roca.
Miedo a morir.
Los dientes del autor se chocan con fuerza.
El corazón se acelera, la respiración se entrecorta.
El avión… despega? Sí, despega.
Estaba seguro de que de esta no se salvaría.
Mejor sería escribir al respecto. ¿O no?
“Voy a escribir al respecto”- piensa el autor.
Posteriormente descubrirá (aunque ya lo sospecha)
que hay todo un estudio sobre la
aviofobia,(?) o miedo a volar.

20/ 10/ 2000 - 07:57 PM

Sentado en tierra firme
el autor está terminando de escribir
“el poema” – dice,
pero no es un poema en absoluto.
“Gracias a este poema ya no tendré más miedo a volar.”
Se equivoca nuevamente:
su miedo no ha desaparecido.
“El que tiene miedo de volar no sabe
para qué está viviendo.”

Según los datos proporcionados por la IATA,
el tráfico aéreo aumentó 5,9 % en los primeros
nueve meses del 2006.
El número de personas que murieron durante 2005
en accidentes aéreos civiles de todo el mundo
asciende a 1.454, lo que supone un incremento
del 9% respecto a las víctimas mortales
contabilizadas en 2004, (según datos de la Oficina
de Archivo de Accidentes Aeronáuticos de Ginebra.)

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