SEGURO DE VIDA


El precio de una vida que se acaba
en medio de agonías y secas quebraduras,
el costo líquido por lágrima, por cicatriz,
el valor que se te paga en trozos de tu carne
y al contado, billete tras billete,
de tal manera que vales más en muerte que en vida,
y es acaso la inacción la mayor virtud
de los contratos que firmaste al caer en la trampa,
(menos una pensión por invalidez permanente
que sube un diez por ciento al año)

La póliza en tus manos no sabe mentir al respecto,
a semanas de haber quedado sin familia,
a horas de haber quedado sin trabajo,
cuando sabes muy bien lo que te dan
por medio litro de sangre en la posta,
caminas y no sabes donde vas.

Antes sí valía pensar en el vacío y sucumbir;
ahora es sólo aire en esta idea fósil,
ceniza de una vida estéril,
cuna de brutales golpes a la autoestima,
nido de gusanos sin sexo en el cuerpo,
botado el hombre completamente por la existencia
y sin beneficiarios.

¿Sacaste bien la cuenta según el valor de la U.F.?
¿Resumiste en tu memoria al fin
la extensa trama de caídas y derrotas antes de firmar?

Lee las exclusiones.
Sinceramente, y con negras palabras de cuervo,
nadie lleva su ganancia en la piel, a no ser
en abstracto, para otros,
bajo tierra.

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