CLAUSTROFOBIA


El rostro se disminuye junto a las paredes,
decanta en lágrimas feroces
por culpa de una ventana abierta al sonido ébano.
El tabaco es el fondo perfecto para esta crisis
de nervios desatados. Apuraría el humo
hacia el techo en fibras.
Me tiemblan las manos, no puedo contestar
el teléfono ni dar señales de vida.
El mundo de afuera no existe, no hay ruidos
que entran, no hay arañas que anidan
bajo mi almohada. Jadean los muebles
con esa ansiedad propia del plástico
y he sentido el temblor frío en busca
de un alcohol idóneo, así la botella me eclipsa.
Perdido en la semipenumbra de mi cárcel domiciliaria
floto en el trance de la no existencia
y cuelgo los ojos para no quedarme ciego.

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