COMA
cambio de sonoridades por el coeficiente
en el momento que se decolora:
la obsecuencia en pleno reino vegetal.
Una catafasia en el discurso amoroso
frente a miradas azules, (olor marino
de lugares). Óbito de la melodía.
Florecimiento ahora en tiempo de estigmas,
cruce de caminos y de huesos,
la influencia celeste cataboliza el desconcierto
en plena locación fotónica. Todo
se va polarizando.
Rezos sufridos a la fuerza
en órbitas de violencias eacias,
la respiración pasajera es reductible a tierra,
el mimetismo del acto
profundiza los terrores secos en ánimos y piel.
Dígeno el espacio ante lo estéril
que fue rigor pero no en la tenebra,
que fue nefando por circunstancia
y abdominal con síntoma y eufonía narcótica.
Desde lo negro de la inconciencia
bajar al fin del coma y abrir la mirada.
Natroína en la sangre –elásticos en el pensamiento.
Cromáticamente emerger de lo somático
con transfusiones. Armonía y cuerdas.
Rugir una clemencia mal sentida
ahora que es el estímulo de sufrir el crimen,
antes de que el crimen sea el palimpsesto
o la eutanasia tosca de la vil sonoridad.
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