LAMENTO SUBLUNAR


Cuando el sabor de las nuevas pasiones
adquiridas a golpes de teléfono
y aumentadas por la ingestión de ciertas drogas
me satura, siendo la inconciencia
el único remedio aceptable,
no encuentro placer en la dispersión,
no encuentro el acento,
hablo solo contra el espejo negro
con esta voz de aparecido en calderas
para estabilizar la estructura
que amenaza con caerse.
Solía cortar flores malditas
para ofrecérselas antes de morder,
y sus ojos guardaban el negativo de una
temperatura clínica, pero no íbamos
a ninguna parte. Adentro camino de cuarto
en cuarto, ocultando la psicopatía
de la luna llena; asisto lúgubre al insomnio,
me resigno al vampirismo del hombre
terrenal, asigno un cuerpo a este sentimiento,
a esta sustancia
que me asegura la correcta homeostasis
cuando anhelo el olor de las tumbas abiertas.
El transcurso me hizo viejo,
tanto como para desistir de los placeres diurnos
y tenderme sobre un lecho de uñas
que me desgarran hasta volcar el néctar
de la licantropía.

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